Los peligros de la guerra

IMG_20200326_130158364_HDR_2|Autor(a): Guillermo Zuleta |

En una película, de la cual no recuerdo el título, se desarrolla una conversación entre dos prisioneros en un campo de concentración. El recién llegado al lugar habla con uno de los hombres que ya lleva algún tiempo ahí, este último dice al primero que las partes más peligrosas de la guerra suceden al principio y al final. Al principio, porque la violencia llegará con fuerza y las personas no sabrán qué esperar. Al final, porque los bandos intentarán acertar los últimos golpes, intentarán quemar las naves y de nuevo, pocos sabrán exactamente qué hacer y hacia dónde ir. Entre estos dos extremos, por difícil que fuera la situación, con preparación, cuidado, sentido común y un tanto de suerte, sería posible sobrevivir.

Este contexto se parece mucho a la crisis que vivimos. Un inicio en el que la gente no estaba preparada, cuando se tomaron acciones a medias, hubo reacciones tardías e incluso indiferencia. Un final que aún no se vislumbra y que, ciertamente, vendrá con muchas preguntas. Mas, en medio, desafortunadamente, aún se ve a una gran cantidad de personas que no se preparan, que no tienen cuidado, no usan su sentido común… y juegan con su suerte.

Apenas ayer, un grupo de seis o siete niños de quizá entre 7 y 14 años jugaba en el mismo jardín y área verde que usualmente sirve como punto de reunión para paseadores de perros, adolescentes en pareja, ancianos sentados al sol y, por supuesto, familias con niños. Hace tres días colocaron el cartel que he encerrado en rojo, ahí dice que está prohibido entrar, que la restricción durará hasta mediados de abril o más, pero parece que fue un desperdicio de recursos y de tiempo.

Usualmente prefiero no meterme en cómo los demás educan a sus hijos, pero después de verlos jugar en el área verde y luego entrar al jardín, ambos a menos de 20 metros de mi casa, salí a preguntar si no habían leído el cartel, a pedirles que se fueran a casa y – después de escuchar sus respuestas sarcásticas – a ofrecer que un par de policías llegaran a convencerlos y luego a tener una plática con sus padres. Se fueron hablando entre dientes y lanzando en su idioma natal quién sabe qué saludos para mi familia. El malo soy yo, por supuesto, pero no quiero riesgos extra tan cerca de nosotros.

Esto aún no ofrece puerta de salida, pero muchos están haciendo agujeros en las paredes… veremos cómo nos reacomodamos después de esta guerra.

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