Día trece: viaje interior

| Autor(a): Éfrin González |


Los proyectos literarios se vienen de frente, todos juntos, como una embestida animal. La cotidianidad genera un ritmo lento en la planificación y ejecución de la escritura. Ahora con la cuarentena no es que haya más tiempo, pero más intenciones de terminar los trabajos con más velocidad. Es una pequeña utopía, un razonamiento extraño del que hay cuidarse.

El encierro genera ansiedades que pueden malformar las intensiones reales, quiero decir, hacer el trabajo a un ritmo distinto al que debe ser elaborado. La calidad, los temas, las formas y toda la serie de elementos que uno quiere para las obras en construcción requieren de estabilidad persoanl. Una gran ventaja es que la literatura se hace en soledad y silencio. La cuarentena puede el momento de usar esa ventaja.

Hay tantos estímulos presentes en los medios de comunicación que nuevos y antiguos temas salen a la luz.  Por ejemplo, las pestes parecían ser cosa el pasado. Cuando se habla de la peste bubónica se piensa en qué atrasada estaba la sociedad de antaño. Hoy estamos tan adelante que hasta existe la sospecha de la creación de pestes adhoc. En fin, no será casual que en el futuro tengamos mucha literatura relacionada a lo que actualmente vivimos con el COVID-19.

Por mi parte creo que esta bitácora es un viaje interior al fondo de mis propios infiernos, lo cual es un oportunidad importante para cierta auto-comprensión, que problablemente será materia prima para trabajos literarios futuros.

 

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