Aunque el Homos sapiens se vista de seda, Homo sapiens se queda

| Autor(a): Luis Enrique Morales |


Al mal tiempo buena cara, dice un dicho popular. No tan popular como el CV-19. Si te sientes solo cuando estás solo, estás mal acompañado. Esto es de Sartre, aunque nunca estuvo en cuarentena, pero sí tendido en el hospital de Broussais. Una muerte en soledad o casi en soledad.  Es que así fueron las palabras de mi padre antes de ir a la boda de mi prima: Solo nací, solo me voy, solo me muero.  Nós vamos a morrer sozinhos, me dijo la brasileña mientras fallábamos en un putre hotel de en los morros de Sao Paolo. No hace falta, más nada en tiempo de pandemia,  sufrir de una crisis existencial es lo normal. Fue Heidegger que un día escribió no recuerdo muy bien si fue en Ser y Tiempo o en otro lugar, < Muy pronto la televisión, para ejercer su influencia soberana, recorrerá en todos los sentidos toda la maquinaria y todo el bullicio de las relaciones humanas>.   Es que es así. Los medios, los malditos medios han ejercido su influencia soberana sobre nuestros sentidos. Estamos condicionados al fuerte valor mediático que hemos caído en una desesperación por no saber que ha de pasar. También ha servido para confrontar que el mundo en el que vivimos es el mundo donde lo externo es mejor que lo interno, por eso sufrimos estar en casa. Al final de cuentas y así lo pienso, que sea lo que sea como lo canto el uruguayo que hace unos días mando un mensaje de solidaridad y un concierto online. Siempre, estamos buscando una escapatoria. Estamos condenados a escapar del frio y doloroso sentir de la muerte.

Volviendo a todo lo anterior. Intentando ahondar más en este sentimiento que causa dolor, o que difícilmente entiendo. Quiero pensar en cómo en la mitología Maya y el Popol Vuh contaba la historia del gusano que se comía las muelas. Este causaba un sufrimiento y con el tiempo el dolor sanaba. También los hombres que tenían dientes de maíz blanco y que se le caían. Encuentro que estas dos referencias (vagamente dichas) la vulnerabilidad del ser humano. Primero como un gusano hacia sufrir a los humanos, un diminuto gusano que era incontrolable. Un burla a la existencia y el sentimiento de grandeza de los seres humanos. Al especismo diría el animalista Peter Signer.  Ahora sustituimos el gusano por un virus. Al final es lo mismo.  Algo tan pequeño, tan microscópico nos esta alterando. ¿Cuál es el problema del CV-19 si al final estamos sobre poblados? Fue la pregunta de un niño de siete anos en la escuela donde trabajo. Me reí y le honestamente no le pude contestar. Al final redescubrir o enfrentarnos a la realidad de que somos frágiles como una muñeca de porcelana o incluso más, nos desespera, confronta la herencia cristiana de que somos criaturas divinas y perfectas. Nos volvemos a dar cuenta que ni somos criaturas divinas, ni mucho menos perfectas. Somos finitos, rompibles, impotentes y cobardes.

Escapar es la palabra que dije en el primer párrafo. Eso hemos hecho escapar de nuestra condición. Heidegger, a quién le tengo una relación de amor y odio. Amor por su filosofía. Odio por su ideología política.  Se refería en términos muy técnicos al Dasman. Que es digamos muy profanamente, la gente que se pierde en las multitudes, como el ejemplo que daría  Kierkegaard hablando de que el individuo pierde su singularidad en los grupos, dado que este se tiene que adaptar al grupo. Heidegger iría al extremo y diría que el ser humano en un momento cuando esta solo, piensa, piensa y repiensa. Llega al fondo y descubre su finitud, se le revela la posibilidad de toda posibilidad, a saber: la muerte. Entonces se angustia y tiene que elegir entre asumir o no asumir. Como es un Dasman, no asume, entonces escapa y se pierde en la multitud. Esta idea la ha desarrollado mejor el coreano Byung Chul-Han, prácticamente en toda su obra. Él nos dice que este individualismo al que hemos llegado, intentando hacer cosas guais. Intentado buscar esa autenticidad de un verdadero Dasein, nos ha llevado a una dialéctica en donde terminamos todos haciendo lo mismo. Concluimos perdiéndonos en la multitud. Derrochando así la particularidad de cada ser humano.  Entonces somos todos iguales como zombis y ni pensamos en la muerte, en otras palabras: estamos muertos en vida.

¿Qué acontece cuando nos mandan a cuarentena?  En casa, estamos solos. Viendo las cuatro paredes. Pensando como podemos sacarnos de la cabeza la idea de la muerte o mejor dicho la idea de que somos finitos. Entonces la tecnología ha sido fantástica en encontrar las soluciones. Redes, televisión, Netflix, YouTube, Spotyfy, Radio. Allí encontramos la salida por seguir conectados por escapar. ¿Por qué no asumir nuestra condición y aprovechar la cuarentena para un tiempo de reflexión o de creación? Por cobardes, porque somos unos cobardes. Creemos, como dice el discurso popular solo se vive una vez y entonces hay que vivir al máximo. Pensamos pues que hay que ver amigos o hacer cosas divertidas, aunque lo divertido ahora es sinónimo de hedonismo. Entonces encontramos los escapes en todo lo que poseemos dentro de nuestro propio universo.  Retomamos el termino de San Agustin, la concupiscencia de mis ojos, porque ahora todo es atreves de una pantalla. Nos enajenamos. Pasamos de un tiempo donde se pueden crear fuertes reflexiones sobre la existencia humana o un momento para conocerse a sí mismo, a ser parte del Dasman o mejor dicho del desmán, que al final es casi lo mismo.    

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